La Acción Humanitaria en la agenda exterior de la Unión Europea (UE). Riesgos y desafíos.

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Autor. José Miguel Calvillo Cisneros.

El pasado 5 de noviembre de 2014 se celebró en las Palmas de Gran Canarias un seminario organizado por el Consejo Canario del Movimiento Europeo sobre cuestiones relacionadas con la actualidad del ámbito comunitario. En concreto, el seminario giró en torno a cuatro bloques temáticos: integración, instituciones, acción exterior y regiones. Eugenio Nasarre Goicoechea, Presidente del Consejo Federal del Movimiento Europeo, dibujó unas líneas sobre los efectos de las políticas de reactivación en el seno de la Unión Europea (UE). El catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, Francisco Aldecoa Luzárraga, profundizó en el nuevo papel de las instituciones europeas y el fortalecimiento del Parlamento Europeo como institución de mayor legitimidad democrática de la UE. La intervención de María Asunción Asín Cabrera, profesora titular de Derecho Internacional Privado de la Universidad de La Laguna, incidió, con gran acierto, en el papel de las Regiones Ultraperiféricas (RUP) en la UE, en especial el de las Islas Canarias. Finalmente, José Miguel Calvillo, como miembro fundador de AID Consulting, lanzó algunas ideas sobre la necesidad de potenciar la coordinación de la acción exterior de la UE con los Estados miembros y avanzar en el proceso de integración en política exterior.

De forma concreta, José Miguel Calvillo profundizó en la idea de que la UE, como mayor donante de cooperación internacional al desarrollo y acción humanitaria, debe continuar siendo un referente de buenas prácticas en materia humanitaria como rasgo significativo de la acción exterior comunitaria y, de este modo, no cometer los mismos errores de algunos Estados donantes muchos de ellos miembros de la UE politizando los operativos de emergencia humanitaria.

Si en algo se diferencia la acción humanitaria de cualquier otra intervención es que esta se ampara en los principios humanitarios que se especifican en el Derecho Internacional Humanitario: independencia, neutralidad, imparcialidad, universalidad y humanidad”.

Desde hace un par de décadas venimos asistiendo a como instrumentos fuertemente politizados, como las Fuerzas Armadas, Protección Civil y Defensa Civil –dependientes de los Ministerios de Defensa o de Interior de los Estados- están adquiriendo un mayor protagonismo en los operativos humanitarios debilitando, incluso a veces quebrantando, principios clave como el de neutralidad, independencia e imparcialidad. Estas cuestiones, ya abordadas por la comunidad humanitaria, han ido dibujando un marco normativo que establece y regula cómo han de coordinarse los operativos humanitarios que, por causas de fuerza mayor, necesiten de medios militares y/o de protección civil, tal y como se regula en las Directrices de Oslo para la Utilización de Recursos Militares y de la Defensa Civil en Caso de Desastre (2007) o el Consenso Europeo sobre la Ayuda Humanitaria (2008).

Al hilo de estas cuestiones, en la UE se están politización cuestiones humanitarias más allá de los supuestos ya consensuados en estas normativas. Por ejemplo, la creación de la Dirección General de Asuntos Humanitario y de Protección Civil, otorgando un marcado protagonismos a las unidades de protección/defensa civil de los Estados miembros. Otra muestra de ello es la inclusión de acción consular dentro de los operativos humanitarios, dando un enfoque de gestión de crisis que no trata de aliviar el sufrimiento de las víctimas, sino aunar una multitud de intereses no siempre compatibles con la independencia, neutralidad y humanidad (protección a nacionales de la UE, estabilidad y seguridad regional, apoyo a gobiernos aliados…).

Consecuencia de todo ello, es la UE carece de una línea homogénea de actuación en asuntos tan importantes como la crisis del ébola, donde se pone de manifiesto la inoperatividad de la UE en el terreno y donde se delega en la actuación de aquellos Estados miembros que tienen capacidad operativa para intervenir y que, por cuestiones de agenda interna, deciden cómo intervenir, cuándo intervenir y con qué intervenir, y donde las cuestiones humanitarias no son el elementos por el que se toma la decisión final.

En definitiva, con esta tendencia se permutan las prioridades de la agenda humanitarias donde las víctimas de un desastre natural o humano ya no son la principal causa para intervenir, sino que la decisión pasa por otros filtros de mayor peso político. En ocasiones, una mayor politización no significa una buena política.

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